No destruya una persona…

Una de las mayores responsabilidades de quien lidera personas es saber corregir sin destruir. Todo líder, tarde o temprano, tendrá que enfrentar errores, auditorías, metas no alcanzadas, problemas de ejecución o resultados por debajo de lo esperado.

La forma en que gestionamos esos momentos dice mucho más sobre nuestro liderazgo que los momentos de celebración.

Cuando surge un problema, el foco debería estar en comprender las causas, corregir procesos, fortalecer controles y evitar que vuelva a ocurrir.

Lo que no debería suceder es convertir un error, un proyecto o un informe en un juicio sobre el valor profesional de una persona.

Existe una enorme diferencia entre decir:

“Necesitamos mejorar.”

y hacer que alguien salga de una reunión pensando:

“Tal vez no soy lo suficientemente bueno.”

Los líderes tienen el poder de desarrollar personas, pero también tienen el poder de generar inseguridad, miedo, desgaste emocional y pérdida de confianza.

Exigencia y respeto no son conceptos opuestos.

Es posible ser firme sin ser agresivo. Es posible ser exigente sin humillar. Es posible corregir sin descalificar.

Al final, los procesos pueden reconstruirse, los controles pueden fortalecerse y los resultados pueden recuperarse. La confianza que una persona tiene en sí misma no siempre es tan fácil de reconstruir.

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